Granada brinda por su tierra: tres días de vino, música y primavera
Granada volvió a descorchar su carácter más festivo el pasado fin de semana en el Paseo del Salón, convertido durante tres días en un pequeño mapa de aromas, acentos y brindis. La Feria del Vino 2026 reunió a bodegas locales, curiosos y habituales en un ambiente que mezclaba verbena y cultura enológica, con la Alhambra vigilando desde lo alto.
La primera impresión fue el bullicio: copas tintineando, conversaciones cruzadas y ese murmullo continuo que solo aparece cuando la gente está a gusto. A medida que avanzaba la tarde, el recinto se llenaba de grupos que iban de stand en stand, descubriendo vinos de la provincia que, para muchos, siguen siendo una sorpresa pendiente.

En cada parada, una historia. Desde tintos robustos de la Contraviesa-Alpujarra hasta blancos frescos que parecían hechos a medida para la primavera granadina. Los bodegueros, lejos de limitarse a servir, explicaban, recomendaban y, en muchos casos, defendían con orgullo una tierra que lleva años afinando su identidad vinícola.
La gastronomía acompañaba sin robar protagonismo: tapas sencillas pero bien pensadas, pensadas para realzar el vino y no competir con él. Entre bocado y bocado, la música en directo aportaba ritmo a la jornada, convirtiendo la feria en algo más que una cata colectiva.
Al caer la noche, la feria cambiaba de piel. Las luces cálidas, el sonido más alto y el público más entregado transformaban el espacio en una celebración abierta, donde el vino dejaba de ser protagonista exclusivo para convertirse en excusa perfecta para el encuentro.
Más allá de cifras o afluencia, la Feria del Vino de Granada 2026 deja la sensación de consolidación. No es solo un evento gastronómico: es una declaración de intenciones de una provincia que quiere ser escuchada también a través de sus vinos.
Y, a juzgar por el ambiente, cada vez lo consigue con más fuerza.

